Así, así soy.
Cuando era niña nunca me gustaba las fotografías. Siempre que veía alguna corría despavorida, una mala estrategía porque era entonces cuando oprimían el botón y yo relucía mis mejores ángulos.
Pero no me gustan las fotos por mi propia vanidad.
Me gustan las fotografías porque son para recodar. Y recodar es una de esas cosas que me gusta más que cualquier cosa en el mundo.
Me gusta la fotografía porque me di cuenta de que con una cámara puedo conquistar el mundo. Y conquistar el mundo es lo que más deseo.
Me gusta la fotografía porque lo descubrí en mis inespertos, drámaticos y ñoños años de adolescencia. Y la adolescencia es una étapa que nunca regresa.
Me gusta la fotografía porque con ella puedo ser yo. Y ser yo es una de esas cosas que todavía no entiendo.
Pero... puedo descubrir a los demás.



